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Algo
de Historia y de Geografía
Con el conurbano incluido Zolkiew
tenía 35.000 habitantes compuestos
por tres etnias, la polaca, la ucraniana
y la judía. Entre estos últimos
había una pequeña parte
de ricos, una parte de clase media
baja y el resto pobres, con sus partes
de indigentes, pero a quienes las
autoridades religiosas y de beneficencia
no dejaban abandonados; creo que la
misma regla, regía en las otras
etnias.
Después de la derrota del
imperio Austro-Húngaro, que
regia la vida de esta región
en la primera guerra mundial 1914-1918,
el tratado de Versalles le adjudica
a Polonia la administración
de este territorio, que antes ya lo
había tenido, habiendo pasado
en sucesivas guerras de mano a mano.
En el año 966 de nuestra era
el mandamás polaco Mieszko
I se convierte y Polonia pasa a ser
cristianizada.
En el año 1333, el rey Kasimiesz
el Grande invita a los judíos
a instalarse en Polonia para hacerla
progresar, garantizándoles
la libre práctica de su culto.
En el año 1344 funda la Universidad
de Cracovia, en la cual el futuro
papa Woijtila debe haber cursado sus
estudios.
Más tarde, en el año
1410, el rey Zolkiewsky, funda la
ciudad de Zolkiew, ciudad que aun
conserva su nombre.
Al final del siglo XVII, Juan III
Sobiesky salva a Polonia con la victoria
sobre los turcos (Yo conozco un poema
al respecto).
Unos años mas tarde visita
a Zolkiew y hace construir la sinagoga
más grande y más bella,
por su arquitectura, de todas las
demás del país; (su
hijo reposa en el mausoleo de Zolkiew.)
Desde mediados de 1941 cuando los
nazis invaden Polonia y Galicia (rompiendo
el pacto de no- agresión con
Rusia), hasta el fin del 42 asesinan
(al igual que en todos los pueblos
de Polonia con comunidades judías)
a toda la población judía
de Zolkiew , 5.000 almas, (74 son
los milagrosamente sobrevivientes);
entre los mártires están
nuestra madre, nuestra hermana mayor
y su nena de 9 años amén
de una gran cantidad de familiares
de lazos sanguíneos, (queda
en pie la gran sinagoga que no han
podido destruir según los sobrevivientes
habiendo necesitado para ello, bombardearla
desde el aire, tal era - y es - la
robustez de sus fundamentos y de su
construcción, no se dispone
de ninguna otra versión al
respecto), (quedo como monumento histórico).
Volvemos a años atrás,
6 meses antes de terminar la primera
guerra mundial, mi padre es desmovilizado
de los ejércitos austriacos,
trayendo un regalo del frente: una
enfermedad, de una clase de epilepsia,
que a intervalos cortos, se cae, tiembla,
echa espuma por la boca teniendo que
darle en la mano un objeto metálico
hasta que se tranquilice; esta situación
ha durado más de 15 años,
recibió una pequeña
pensión.
Era un hombre joven y fuerte, fallece
en el año 36 a los 53 años
de una infección que no se
podía parar, no habiendo existido
aun antibióticos.
No éramos ni ricos ni pobres,
pertenecíamos a la clase media
baja, vivimos en la periferia del
pueblo a orillas de un arroyo que
nos ofreció, pesca en verano
y en los inviernos con las heladas,
nos calzábamos los patines
y recorríamos su superficie
helada kilómetros y kilómetros.
Teníamos una pequeña
huerta que nos permitía comer
nuestras propias hortalizas, leche
de nuestra vaca lechera y huevos de
nuestras gallinas, amen de las frutas
de cada época.
Nuestra infancia y temprana adolescencia
feliz, en el recuerdo, se nutren principalmente
del contacto casi permanente con la
naturaleza, el hechizo de las madrugadas
veraniegas con la búsqueda
en el jardín, (casi siempre
exitosa), de la manzana o la pera,
caída durante la noche, no
lejos del árbol, sacado del
pasto humectado por el rocío
y su consiguiente saboreada, nos parecía
ser parte del edén, nuestra
madre nos quería felices y
lo logró, los sábados
y los domingos, nos fuimos a cruzar
el gran y hermoso parque, distante
de nosotros unos 2 kilómetros,
cruzar unos trigales y las vías
del ferrocarril, para que después
de esta aromatizada caminata acceder
a un pre-bosque donde recogíamos,
frutillas, frambuesas, arándanos
y algunas nueces triangulares que
no volví a encontrar en ninguna
otra parte ni lugares que he explorado,
a través de los años
de vacaciones; todo ello me parece
ahora el paraíso perdido.
La preocupación de nuestros
padres no nos dejaron insensibles
pero fueron tomando forma a medida
que crecíamos, la convivencia
con los polacos y ucranianos era un
“modus vivendi” aceptable;
recién en la escolaridad el
panorama se nos oscurece y donde nos
“enteramos” que habíamos
matado a Jesucristo, estábamos
lejos, muy lejos de Juan XXIII, Pablo
VI con el Concilio Vaticano XII y
Carol Wojtila, éramos los descendientes
de aquellos asesinos.
Fuimos tomando conciencia de nuestra
vulnerabilidad; de tanto en tanto
algunos judíos ortodoxos reconocibles
por sus atuendos fueron vejados, en
ocasiones con heridas, por los hooliganes,
no supimos de ninguna reacción
policial al respecto ni que estas
bandas de hooliganes hallan sido molestadas
alguna vez.
Me quedó grabado un hecho
conmovedor de la maravillosa fidelidad
de un perro y su agudo olfato que
justifica el amor que la gran mayoría
siente por su perro. Un atardecer,
nuestro padre venia para casa y a
unos 500 metros de distancia fue agredido
por hooliganes y nuestro perro Aza
lo sintió a esta distancia
y con una corrida de flecha liberó
a nuestro padre.
En la primaria nuestra maestra Mazurkuwna,
una solterona amargada, nos hizo ocupar
bancos separados de los chicos cristianos,
y no pasó un día sin
que nos reprochara nuestro deicidio.
Menos mal que nos hacia salir al patio
durante la hora de religión.
En los clubes deportivos y culturales
debatíamos nuestro problema
y su posible solución: ¿Palestina
o Comunismo?
La parte burguesa bregaba por Palestina,
las izquierdas por el comunismo. Los
sionistas argumentaron que a la larga
con inmigración y trabajo rural
y el saneamiento de los pantanos (tierras
dejadas a la gracia de dios desde
hace siglos), llegaremos a crear un
lugar para nosotros y vamos a llevar
progreso para los árabes, donde
los efendis llevan la batuta y la
vida fastuosa, pero donde la gran
mayoría vive en condiciones
paupérrimas, no podría
ser que desprecien el progreso que
les vamos a traer.
Los izquierdas las consideraron fantasías:
2000 años que los palestinos
viven en sus tierras, no nos van a
tolerar; mientras que si tiene éxito
la experiencia Rusa con el comunismo,
desaparecerán todos los problemas
que nos aplastan. Una sociedad sin
clases, sin explotados ni explotadores,
sin problemas religiosos, sin diferencias
entre judíos y cristianos,
todos iguales.
Teóricamente al inicio el
tema es: a cada uno según sus
méritos para pasar a la etapa
siguiente que será de “cada
uno según sus posibilidades
y a cada uno según sus necesidades”,
nos decían, y era verdad que
Lenin decretó considerar antisemitismo
como crimen que puede pagarse hasta
con la muerte. A mi me ha seducido
esta utopía, yo quería
aportar mi granito de arena; durante
las elecciones presidenciales que
han consagrado a Pilsudsky Presidente
(que resultó no ser perseguidor
de judíos, mas bien con un
toque de protección). Me agarraron
con las manos en la masa distribuyendo
volantes de izquierda. Después
de las “caricias” policiales
no sé cómo salí
entero, me metieron en la cárcel
por 9 meses - pena menor por menor
de edad - (nunca pude perdonarme esta
adolescente inconciencia por la mala
sangre que este “heroísmo”
mío les deparó a mis
padres, hermanos y hermanas y en especial
cómo se desvivió nuestra
sacrificada hermana mayor (Genia).
Cuando me largaron tenía 17
años.
En algunos aspectos esta libertad
era peor que la cárcel: no
podía pasear con un amigo,
sin que la policía lo detuviera
para que cuente de qué le estaba
hablando yo. Yo era un “revolucionario
peligroso” y había que
vigilarme muy de cerca porque sino
¡yo ponía a Polonia patas
para arriba! Así pasaron dos
años entre trabajos y varias
interrupciones de secundaria hasta
que pude “salir de Egipto”
pero no para ir al desierto sino a
Paris donde estaban mis dos hermanos
que han hecho malabarismos para sacarme
de este pozo (primera emigración
“huida” y una inmigración
feliz).
Llego a Paris, cuando tengo 19 años,
donde me esperan mis dos hermanos;
haber existido un termómetro
para medir emoción y felicidad
estallaba en añicos, pero mis
padres, y hermanas, que dejé
atrás me quedaban pegados al
alma ilusionándome con mis
hermanos, con traerlos a todos a Francia,
pero las ilusiones y esperanzas son
lo último que se pierde.
Acepté la mágica realidad:
estaba en Paris, Francia de la revolución,
de la declaración del derecho
del hombre y ciudadano. Francia de
Víctor Hugo, de Voltaire, de
Diderot, de Balzac, de Zola, con su
J´ Accuse, de Romain Rolland
y Anatole France; Francia de la libertad.
En el metro se despliegan, bien abiertos,
las páginas de “l´Humanité
y L´ Fígaro” (igual
que en Polonia!). Paris luz, Paris
Lumière, no la luz de los faroles,
la luz del espíritu, faro de
culturas sin fronteras.
En la otra cara de la moneda, en
el mismo año 1933, llega Hitler
al poder de Alemania; la atmósfera
política se está enrareciendo,
las noticias que llegan de allá
no molestan a todos por igual, hay
para todos los gustos en el bazar.
Empieza el gran suspenso: ¿a
qué nos tenemos que atener
con este personaje?
De mientras, la vida sigue. Paris
maravilla a los que no la conocen
aún, con la Torre Eiffel, con
el Trocadero, el Arco del Triunfo,
de donde se abren en abanico 12 avenidas
cuya principales son Champs Elysées
y a su punta la Place de la Concorde
, con su obelisco trofeo traído
de Egipto por Napoleón. Les
Tuileries, le Palais Royal, los grandes
bulevares, teatros, museos, le Louvre,
museo mas grande del mundo; las orillas
y puentes del Sena, la iglesia de
Notre Dame situada en la isla de la
Cité inmortalizada por Víctor
Hugo, el gran Opera, la rivera izquierda
del Sena, Saint-Michel, MontParnasse,
los cafés de los poetas, escritores,
intelectuales de todo género
para la bohemia, el Sacré
Coeur montado sobre una colina en
lo mas alto de Paris, el viejo Montmarte,
Pigale para la farándula,
y mil motivos para exaltación
que Paris ofrece a sus visitantes,
amen de sus habitantes permanentes
, de los cuales no todos se regodean
con estos tesoros.
En el orden político, los
cielos de toda Europa se cubren de
nubes oscuras.
En el año 35 los nazis dictan
en Nuremberg las leyes raciales reduciendo
a varios cientos de miles de judíos
alemanes a fantasmas, “ prohibido”,
“prohibido”, “prohibido”,
“medicina prohibida”,
“derecho prohibido”, “universidad
prohibida”, ni profesores ni
estudiantes, institutos científicos
prohibidos, asistencia médica
en establecimientos arios prohibido,
“prohibido”, “prohibido”.
En Dachau, en las afueras de Munich,
crean el primer campo de concentración,
que no da abasto; abren unos más
en territorio alemán: Saksenhausen,
Ravensbruk para mujeres y otros.
Todos los judíos son sujetos
a ser encerrados en un campo de concentración,
despojándolos de sus comercios,
de sus casas, de sus dineros en el
banco si los tuvieran, se inicia así
la ejecución del monstruoso
plan: asesinato de hombres, mujeres
y niños inocentes e indefensos,
en el emprendimiento más siniestro
que la humanidad, deshumanizada y
envilecida, haya jamás concebido.
Corre mucha agua coloreada bajo los
puentes. En España, en el año
36, el Frente Popular gana las elecciones,
forma gobierno, pero no parece ser
del agrado de la derecha.
Franco desembarca en España
viniendo del Marruecos Español
con una numerosa fuerza militar y
declara que está decidido a
matar a 1.000.000 de españoles
para que los comunistas no gobiernen
a España.
En realidad no se trataba de comunistas
sino de socialistas, lo que es muy
distinto.
En Francia y otros países
del centro europeo se forman brigadas
internacionales, voluntarios para
ayudar a España a resistir.
A nivel diplomático, Inglaterra,
Francia y Alemania firman una no intervención
en esta guerra civil, pero Alemania
sigue suministrando armamentos a Franco;
bombardeando Guernica, (la capital
Vasca) mientras que Inglaterra amenaza
a Francia con cortar la “Bonne
Entente”, si mandan ayuda a
republicanos.
Y Francia pone la cola entre las
patas. Leon Blum, primer ministro
francés socialista, no sabe
cómo manejar este problema,
y hace parar un cargamento de armas
para republicanos, que las necesitan
ya que Alemania no cumple lo tratado.
Blum acorralado por la izquierda francesa,
se hace abuchear por 50.000 socialistas
en el estadio velódromo de
invierno, termina por renunciar. En
España la falange española
mata a diestra y siniestra, los republicanos
luchan con uñas y dientes y
terminan vencidos, después
de casi 3 años de lucha, en
marzo de 1939.
España llora 1.000.000 de
muertos, Franco “ha cumplido
lo prometido”.
En un año antes de culminar
esta guerra fratricida, con este inequívoco
desenlace previsible, es proclamado
“caudillo” manda más
absoluto de España.
En este año 38, Hitler, envalentonado
por esta “buena marcha”
de la guerra española empieza
a aullar, gritar, ladrar, “Sudetes,
Sudetes, Sudetes” y consigue
que Daladier de Francia, y Chamberlain
de Inglaterra viajen a Berstesgaden
para entregarle los Sudetes.
Checoslovaquia grita su dolor, Francia
e Inglaterra han garantizado
la integridad de su exiguo territorio
en el tratado de “Versalles”,
se les contesta que es para garantizar
la paz, (¡la paz de los cementerios!).
En Francia en esta época empieza
a sentirse el trabajo de zapa de la
quinta columna (desestabilizadora)
que hace penetrar el virus de la nazifilia
en buena parte del cuerpo social de
los franceses (los efectos se harán
sentir en los momentos mas álgidos
de la batalla militar, que acabará
con la rendición, después
de escasos 15 días de lucha,
para lo cual el país estaba
preparado ideológicamente;
apto para consumo).
Andando el tiempo a fines de Octubre
del 39, el mundo se desayuna con una
noticia bomba: Alemania de Hitler
y Rusia de Stalin, los máximos
enemigos mortales entre sí,
firmaron un pacto de No agresión.
Los Alemanes quieren estar tranquilos
en su frente Este para poder “aplastar”
a los dos enemigos occidentales, luego
“arreglarán” la
cuenta definitiva con los bolcheviques.
Cuando Ribentrop firma el pacto en
Moscú con Molotov, le hace
oír en el grabador las palabras
de Chamberlain durante la entrega
de los Sudetes a Hitler: “Inglaterra
comprende que Alemania necesita espacio
vital: las tierras de Ucrania
son las mas fértiles del este
europeo. Inglaterra y Francia quieren
que ustedes y nosotros nos desangremos,
para poder ellos arbitrar la situación”.
Los rusos por su lado dicen “a
los franceses e ingleses”: ustedes
le permitieron a Alemania anexar a
Austria, estrangular a Checoslovaquia
y ayudaron a Hitler a montar su poderío
bélico para destruirnos a nosotros,
pues ahora disfrútenlo “¡buen
provecho!””.
Conviene recordar que durante varios
años, antes de la guerra, el
gobierno de los coroneles polacos,
los dos mandamases Beck y Ritz Szmigli,
no se cansaron de repetir que en caso
de guerra Polonia no dejará
pasar por su territorio a las tropas
rusas, lo que tiene la siniestra significación
de que servirían de muralla
de protección a Alemania.
(Geográficamente, en una contra
ofensiva, Rusia debe pasar obligatoriamente
por el territorio de Polonia).
Un día antes de atacar Polonia,
Hitler ladra: “si los judíos
provocan la guerra que se atengan
a las consecuencias”.
Efectivamente, la comandancia
judía internacional con 200
bombarderos pesados, 150 aviones de
combate, 500 cañones, además
de un sin número de otros pertrechos
bélicos , todos guardados en
los “sótanos y trastiendas”
de mercerías y almacenes “kosher”,
están preparados para el asalto
contra Alemania para cortarle el bigote
a Hitler y raparle la cabeza!; pero
Hitler les gana de mano y el 1ero
de Septiembre de 1939 ataca a Polonia,
bombardea a Varsovia y empieza a hacer
pagar a los judíos polacos
“por haber provocado la guerra”!.
Después de este ataque Francia
e Inglaterra le declaran la guerra
a Alemania pero durante casi un año
no le hacen ningún rasguño
terrestre, ni aéreo, ni marítimo
y le dejan el tiempo de digerir su
bocado.
En marzo de 1940 Inglaterra se redime,
nombra primer ministro al primer Lord
del almirantazgo Sir Winston Churchill,
que va a imprimir a la marcha de la
guerra su sello personal, su carácter
fuerte y su ingenio que, sin menospreciar
los méritos de muchos mas pesos
pesados, terminará por poner
a Hitler de rodillas; si yo vivo,
y millones como yo (judíos
y no judíos), se lo debemos,
sobre todo, a Winston Churchill.
La ofensiva inevitable alemana esperada
se produce en mayo del 41.
El estado mayor francés los
espera de pie firme en la ligne Maginot
(en el frente este), complejo defensivo
sofisticado que ha costado ingeniería
y miles de millones de francos, pero,
a los alemanes no les interesa; invaden
Holanda y Bélgica y se vienen
por el norte. Francia hace “simulacro”
de defensa que dura 15 días
y se rinden, y es Petain el héroe
nacional francés que en la
primera guerra mundial venció
a los alemanes en la más feroz
y sangrienta batalla de Verdun, obligándoles
a capitular; es este mismo mariscal
Petain que firma la rendición
incondicional haciéndose colaborador
de la Alemania Hitleriana.
Francia queda cortada en dos: de
Ginebra a Tours, conservando la parte
Sur libre de ocupación ; instalan
su gobierno en Vichy (lado libre).
Se proclaman colaboradores de Alemania,
deseando la victoria de ésta,
en su gigantesco emprendimiento de
dominación del Atlántico
a los Urales.
Laval, Primer Ministro:
“por Radio Nacional : Francia
desea la victoria de Alemania”
(será fusilado después
de la liberación).
Doriot, uno de los jerarcas
del partido comunista francés,
hace un giro de 180 grados y se hace
jefe de una banda de camisas pardas
casi equivalente a la GESTAPO; el
broche de oro del fructuoso trabajo
de la quinta columna: sólo
les faltaba enarbolar la cruz esvástica.
En honor a la verdad no se puede
pasar por alto, que el veneno nazi
no abarco a toda la población
francesa, ni muchísimo menos,
la resistencia o el “Maqui”,
de grupos activistas diseminados por
todo el territorio, que si bien a
costa de un fuerte tributo de sangre,
en la ejecución de misiones
de sabotaje (en primera línea
los mártires ferroviarios),
les han hecho pagar su traición,
a la pandilla, Petain, Laval, Doriot
y consorte, durante la ocupación
y después de la liberación,
reivindicando la Francia de la revolución,
Francia de la declaración del
derecho del hombre y del ciudadano.
Reproduzco traducida la nota
aparecida en “Nice Matin”
el dos de junio de 1999.
Desaparición de M. Charles
Moré, “Capitaine Charly”,
en la resistencia en Niza.
Con mucha tristeza hemos sido
informados del deceso en Niza a la
edad de 77 años del Sr Charles
Moré que fue “Capitaine
Charly”, en la Resistencia en
Niza.
Entrado muy joven en la clandestinidad,
el Sr Charles Moré se señala
por su coraje.
Jefe del grupo “Eclair”
de grupos “Francs” de
resistencia, ha participado en numerosas
operaciones, particularmente peligrosas,
como por ejemplo: la liberación
de “resistentes” atrapados
por los ocupantes y retenidos en el
hospital Pasteur.
El 12 de agosto de 1944 en una
“misión” fue gravemente
herido.
La medalla militar con “citación”
y la “Croix de Guerre”
(Cruz de Guerra) con palma, recompensaron
su valentía.
Después de la guerra,
el Sr Moré se instala en la
calle Alphonse Karr.
“Nice Matin” presenta
a su viuda Madame Agnès y a
su hijo Gérard Moré
ex director de la estación
de ski de Isola 2000 sus mas sinceras,
condolencias. Charles Moré
era mi cuñado, hermano de mi
mujer.
A mi la capitulación me encuentra
movilizado en una unidad polaca en
Quetquedam, una localidad de Bretaña,
de donde nos desbandamos a los cuatro
vientos. Yo busco mi saco y mi pantalón,
mis zapatos todo había ido
a vestir a no se quién. Agarro
lo que puedo: un par de zapatos rotos,
que llevo conmigo y, con un amigo,
nos metemos en un bosque donde pasamos
la noche. A la madrugada opto por
calzar los zapatos rotos para dejar
los zapatos militares en el bosque;
para despistar mi condición
de soldado. Caminamos hasta dar con
una casita de campo donde nos aceptan
y a la madrugada acompañamos
al dueño para ayudarle en sus
tareas; me entra agua en mis zapatos
rotos.
La sensación miserable es
tan extrema que pienso y me digo:
“si me tienen que agarrar, pues
que me agarren, pero yo esta miseria
de agua fría en los zapatos
no la quiero mas”.
Semejantes episodios yo los había
vivido en los cines, pero protagonizarlos
uno mismo, no es igual. A la madrugada
nos encaminamos hacia el bosque con
remotísimas posibilidades de
éxito, sin una señal
posible por donde empezar a buscar,
me dejo llevar por la corazonada y
por lo insondable y ¡encuentro
mis zapatos! no lo podía creer,
se parecía a un cuento de hadas.
Por monedas compramos dos bicicletas
“del tiempo de Napoleón”
sin luces ni frenos. Frenábamos
con los pies, hacíamos kilómetros
y kilómetros; gran parte del
camino con las bicicletas al hombro,
la mayoría de las veces pasábamos
la noche “à la belle
étoile”.
No me quedó grabado en la
memoria cómo sobrevivimos 5
semanas 300 km. Nos llenamos las mochilas
con manzanas y zanahorias robadas
de los campos, mas la gentileza y
solidaridad de los lugareños,
con muchas noches en los gallineros,
nos acercamos lentamente hacia la
meta que era Paris, evitando las rutas
recorridas por las motos alemanas.
En el camino perdí a mi amigo
de ruta, Armand, que sobrevivió.
Nos encontramos después de
la guerra.
A 50 km de Paris, una tarde, al anochecer,
llego a un pueblo atestado de alemanes,
con toda clase de pertrechos y me
digo que “de aquí yo
no salgo”; estoy vestido de
civil, si se puede llamar vestido,
con los zapatos militares que había
rescatado. Me apoyo en una pared al
lado de un señor con aspecto
de encargado del edificio, le pregunto:
¿”Cómo hago para
llegar a Paris”? Y ¿”Cómo
hago para pasar los accesos a la capital?
Están todos controlados.”
El hombre me mira los zapatos y me
dice “¿Ves este camión?,
a la madrugada se va a Paris con bolsas
de papa, zanahorias, etc., va al mercado
de abasto, metete entre las bolsas
y esperá a la madrugada, hay
posibilidades de que él no
revise su cargamento”; yo no
lo pienso mucho y meto la bicicleta
y a mi también. A las 5 hs.
de la mañana el vehículo
se pone en marcha hasta que llegamos
a la Porte D`Orléans, un soldado
alemán con un fusil al hombro
lo para, como a todos, “papeles,
papeles” el chofer le tiende
sus documentos yo miro a través
de una rendija por los tablones, con
el corazón pendiente de un
hilo, el alemán hecha un vistazo
y le devuelve sus documentos dándole
pase. Quién es capaz de imaginarme
a mi en este momento, es como si me
hubiesen rescatado del cadalso.
Llegamos al Parvis de Notre Dame,
yo asomo la cabeza, emerjo de entre
las bolsas y el hombre casi se desmaya:
“¿te das cuenta del riesgo
que me has hecho correr?” “Sí,
me doy cuenta. En un naufragio, el
naufrago se agarra de la rama de un
árbol, y él dice “¡y
con la bicicleta! te volviste loco!”,
“Sí, más que esto:
por favor déme sus datos que
quiero agradecerle más que
con palabras”, me dice “No
hace falta, ahora que ya pasó
estoy contento de haber contribuido
en algo , aunque sea involuntariamente,
contra estos cerdos”.
En Paris me encuentro con mi mujer
- hacia algo más de un año
que nos habíamos casado y cuatro
meses de separación, y con
mi hermana y su marido.
En esta primera fase los soldados
alemanes se portan en Paris casi como
turistas: no molestan, pero yo sé
que eso es muy provisorio, en cualquier
momento el primer zarpazo, y así
fue. Todos los judíos deben
ir donde corresponde para registrarse
y sellar su tarjeta de alimentación
sin la cual no se podrá conseguir
alimento. Dos meses más tarde
todo judío debe ir donde corresponde
a sellar su cédula de identidad
(con un sello que dice “Juif”),
nos empezamos a sentir como lauchas
ante un gato Maula. Los nazis actúan
mientras preparan el ataque a Rusia
que harán el 22 del 6 de 1941.
El próximo zarpazo tardó
menos que el primero.
En mayo del 41 una tarde vengo al
café Faubourg Poissonières
donde siempre había “paisanos”
portadores de la última noticia;
los encuentro a todos cabizbajos,
todos habían recibido notificaciones
en sus casas, que debían presentarse
a la mañana siguiente a las
8hs con una frazada y un familiar.
Yo empiezo a hacer mis averiguaciones
para ver si se trata de una tanda
de apellidos, letras, o por ejemplo
por Barrios; las citaciones parecen
ser totales, a todos
los que ya habían actualizado
sus domicilios, todos sin excepción
menos niños y ancianos.
Ahí encuentro a un amigo,
al que llevo dos años, Henri
y le digo: “no vayas a casa
así no te enteras de la citación,
dos veces no te van a meter en el
campo es un agrupamiento previo a
la deportación” Le digo:
“andá a casa de tu suegra
(eran recién casados) y que
vaya una hermanita (tenía varias)
a avisar a Tania (su mujer) que no
vas a venir, y pasá la noche
ahí, en casa de tu suegra”.
Era un chico muy dulce con ojos azules
pero medio flemático y me dice
“yo voy a casa; con Tania proyectamos
ir al cine”. Fueron al cine
y a la mañana siguiente Tania
lo acompaña, tal como le indicaron
en la citación. Todos fueron
a distintos lugares a trabajar al
campo, con custodia policial; previo
a juntarlos en campos que estableceran,
algunos se fugaron sin documento alguno,
a algunos los recogieron, y otros
sobrevivieron, pero nó Henri
que no escuchó mi consejo y
que no intento la fuga.
Terminó por ser deportado
a Alemania, pereciendo como otros
cientos de miles en cámaras
de gas, horcas para “ejemplo”
fusilamientos, hogueras. De los mas
fuertes de constitución física
asignados a trabajos duros y a hambre,
no sobrevivieron mas que el 1% de
los 6.000.000 de judíos martirizados,
hombres, mujeres y niños en
espantosas orgías de aniquilamiento.
¿Y yo qué hice? Mi
señora estaba recuperándose
de una enfermedad en las afueras de
Paris; yo fui a pasar la noche a casa
de unos amigos, recién casados,
Ida y Rovan. A la mañana fuimos
con mi amigo Rovan en subte hasta
cerca de mi casa; yo me senté
en el café para esperarlo instruyéndolo
de insistir con el timbre hasta que
salga la vecina y ahí nos enteraríamos
de qué había pasado.
Así lo hizo, salió la
vecina y contó que como no
encontraron a quien dejar la citación
volvieron a la 5 hs de la mañana,
golpeando hasta que se cansaron; salió
la vecina y les dijo que ella no nos
vió ni a mi ni a mi mujer,
vuelve Rovan y me dice que tuve un
olfato tremendo. A partir de ahí
me moví cómo pude, con
la impresión de caminar sobre
campo minado. En mi imaginación
todos los policías me estaban
buscando a mí; no podía
dar un paso fuera del escondite cada
noche distinto, caminando con la sensación
de estar orillando el precipicio.
Los 32 km que me separaban de mi
señora, los hice en colectivo
y a pié el último tramo
de 7 km. Finalmente llegué
me encuentro con mi mujer. Luego había
que volver a Paris, a casa,
a hacer las valijas y viajar
al sur y pasar con una señora
que conocía la línea
de demarcación de Francia ocupada
y libre. No sin bemoles llegamos a
Niza.
En el verano del 41 - pues estamos
en Niza - nos esperan otras vivencias.
Naturalmente no revisten los caracteres
de angustia pasados con los uniformados
nazis. Con algo de ingenio y mucho
de suerte, conseguimos cuatro pasajes
en barco, “Cabo de Hornos”
que salía mediados de diciembre
del puerto español de Vigo,
con nuestros magros ahorros, la ayuda
de mis hermanos de donde estaban y
del “Joint” en Marsella.
Para todos los trámites, Niza
no tenía consulados. Había
que hacerlo en Marsella. Aunque el
mayor problema debiera haber sido
Paraguay y Argentina, el tránsito
español presentaba el mayor
escollo. Alemania exige a España
no otorgar visa de tránsito
a los hombres de menos de 30 años
- porque generalmente usan esta vía
para ir a Inglaterra a sumarse a las
brigadas francesas que oportunamente
desenbarcarán en Francia. Yo
nací en 1914, no tenía
más que 28 años.
Una mañana, me armo de coraje,
voy a la policía y pido hablar
con el funcionario responsable del
área de documentación.
Con algunos preliminares, le digo
que yo voy a denunciar mi pérdida
de documento y le pido, cuando me
haga la copia, que se equivoque con
un dígito. En vez de poner
1914 como año de mi nacimiento,
que ponga 1911. Después de
una charla inesperada, y
con una actitud inesperada,
me dice: “vuelva mañana”.
Vuelvo al día siguiente, y
estoy envejecido de 3 años.
Yo lo había prevenido de que
no tenia posibilidades de pagarle
nada, a lo que me contesta que si
hubiese venido con proposiciones de
dinero no me lo hacía.
Naturalmente, esto me posibilitó
de tener el tránsito español.
Antes de este episodio, habiéndome
descuidado con el vencimiento de mi
permiso de permanencia, (“séjour”),
echo mano a la libreta militar de
mi cuñado, que no portaba foto,
( no podía evitar de ir a Marsella
para trámites).
Yo conocía al dedillo toda
la historia de mi cuñado, todo
el proceso de orden de obligación
militar. Me voy a Marsella. No consigo
alojamiento en ningún hotel.
Tengo que volver donde siempre me
alojé con el nombre de Bar
y de repente me voy a llamar Moré.
Estoy en el hotel, a las 7 hs de
la mañana dos señores
me quieren ver. Ellos, sin apuro.
Yo me ducho, me afeito, me visto y
bajo. Acompáñenos me
dicen (¡como si hubiese habido
otra posibilidad!). Son las 8 hs.
de la mañana, día de
verano, los cafés ya abiertos,
con la panza del mostrador casi a
la calle, los invito a tomar un café,
que aceptan. Yo pienso, si me llevan
por falso documento, pido ir al baño
y de ahí a correr y si me corren
y tiran bienvenidos, comparado con
lo que me esperaría seria una
ganga. Pero, instalado sobre las sillas
altas, les digo: “qué
macana debo haber hecho para que me
busque la policía” y
uno me dice “los Parisinos siempre
nos traen algo ¿así
que usted es desertor?”, escuchando
esto mis neuronas se ponen a bailar.
De manera que nada de identidad falsa:
Moré es desertor, no pasa nada,
yo confío en poder manejarlo.
Me llevan a la policía, me
fotografían de pie, de frente,
de perfil, me pesan , me miden , me
toman las impresiones digitales de
todos los dedos, de las dos manos
y a esperar. A las 14 horas, oigo
que dicen por teléfono “ahora
se lo traemos”, me meten en
el Citroën, bajamos ante un edificio
alto, antiguo, y blindado. Me llevan
a través de puertas altas de
10 toneladas de peso cada una. En
una oficina, sentado ante un escritorio,
un personaje militar de alto rango:
“aquí está el
hombre” le dicen los que me
traen. El general: “Acérquese”,
me mira y me dice, “Buenas tardes”
y después, “¿Usted
es judío?”, “No
que yo sepa, mi general”. “Siéntese”,
a los dos les dice: “Gracias,
se pueden ir, déjenmelo”,
y me dice: “mi jovencito, si
yo quiero saber si es judío
le hago bajar el pantalón.
Levántese, camine hasta la
puerta y vuelva”. Yo obedezco
y procuro para que en mi andar haya
un leve rengueo, a la vuelta me siento.
El general: “¿pues tiene
miedo de decirme que es judío?”
y lee la libreta militar: Meilach
Moré su padre, Regina Lewcowich
su madre. “Cuénteme porqué
no se presentó a la revisación
cuando lo convocaron”, le digo
“perdóneme mi general,
no lo tomé en serio, las autoridades
militares tienen mi legajo. A los
13 años me operaron de la cadera
por osteomielitis, no soy apto para
el servicio militar. El General Comandante
Militar de la Plaza de Marsella, me
dice: “no tengas miedo, Francia
ha perdido una batalla pero Francia
no ha perdido la guerra”. “Francia
será siempre Francia, tené
confianza. Viva Francia. Volvé
tranquilo a Niza”. Me da la
mano, le agradezco. Cuando salgo sigo
haciendo el pequeño rengueo
y pienso que quizás todo haya
sido una farsa y que antes de llegar
a la calle me van a agarrar por el
cuello y adiós.
No, nada de eso (después de
terminada la guerra, después
de la liberación busqué
la manera de dar con este ángel
pero resultó infructuoso).
En Niza, una mañana, nos desayunamos
con la novedad de que todas las visas
de salida de los extranjeros están
anuladas.
Inmediatamente busco en el mapa un
lugar fronterizo con España,
y encuentro Ax les Thermes, y con
mi señora y un matrimonio viajamos
en tren hasta ese lugar; conseguimos
contacto con pasadores. El 9 de noviembre
llamo a la frontera Canfrant para
saber, (antes de ponernos en marcha)
si se puede pasar la frontera, y dicen
que con la Visa de salida y el tránsito
español no hay ningún
inconveniente (el día anterior,
el 8 de noviembre, los norte- americanos
desembarcaron en el norte de Africa
(mi hermano mayor estaba en ese cuerpo
expedicionario), cosa que yo había
vaticinado en la conversación
con el funcionario de la Visa cuando
le pedí el cambio de fecha
de nacimiento; yo ya suponía
que la respuesta alemana seria la
ocupación de la otra mitad
de Francia. En la madrugada del 10
los alemanes invaden la otra mitad
de Francia.
Nosotros dos (con mi compañero
de viaje), nos encaminamos a subir
2500 mts de Pirineos a las 10 hs.
de la noche del 9; la caminata, la
subida con sus enormes precipicios
no faltan de pánico ni de pintoresco.
Al día siguiente, a las 19
hs. llegamos. Los pasadores nos meten
en un café, nos dicen que a
la madrugada ellos van a conducir
un autobús que lleva la gente
al tren y que nos llevarán.
Les entregamos la mitad del papelito
que tienen que entregar a la vuelta,
para cobrar la otra mitad de lo convenido.
Cuando se van, la señora del
café nos dice, que no estamos
en España sino en Andorra,
un principado independiente entre
España y Francia y, nos dice
la señora, que si nos agarra
la policía nos reconducen a
Francia.
Estamos otra vez en el medio del
agua, hay que pasar la noche sí
o sí sin hacerse pescar.
De alguna manera aterrizamos en un
café de humo y contrabandistas
cuyo dueño es Español,
que había tenido un café
en Francia y que habla bien francés.
Nos presenta un español republicano
salvado de la masacre franquista con
quien compartimos la noche sobre lechos
de paja. Al día siguiente,
a la madrugada, hacemos lo único
que nos quedaba para hacer : vamos
a la frontera “Seo de Urgel”,
con los pasajes de barco pagos, con
los tránsitos en regla, pero
explicamos que las visas de salida
nos fueron invalidadas por lo que
tuvimos que buscar otra vía
para entrar a España y nos
preguntan: “¿Y quien
los condujo?” Contestamos: “vinimos
solos”; nos hacen esperar sentados
una hora y media, al final Madrid
da el Ok, nos sellan los pasaportes,
¡Entrada! ¡Aleluya!.
“Seo de Urgel”,
parece salido de un cuento: no es
el mismo que dejamos atrás.
Lleno de todo lo que uno quiere para
alimentarse nos saluda un sol otoñal,
hermano de un sol primaveral; nos
encaminamos hacia la estación,
compramos boletos hasta Barcelona.
En Barcelona bajando del tren con
nuestro aire de almas perdidas, se
nos acerca un ángel vestido
de mujer de unos 50 años que
nos dice que a nosotros nos conviene
ir al hotel Leo Leo, que allá
se ocuparan de nosotros. Tomamos un
taxi y vamos al hotel indicado; nos
reciben como si nos hubiesen esperado,
alojamiento, comida y algunas recetas
para las pequeñas necesidades.
El doctor Sequeira, médico
de Lisboa, está a cargo de
ayudar a la gente como nosotros con
el dinero mandado por el Joint de
New York (organización americana
integrada por gente que quiere ayudar
a judíos a escapar del infierno
nazi).
Nos movimos por todos lados, durante
varios días, para saber qué
les había pasado a nuestras
mujeres que no estuvieron en el punto
indicado hasta que nos enteramos,
por el lado del consulado francés,
que estaban presas en un campo de
Mérignac en mano de franceses
colaboradores con Alemania. No teníamos
más remedio, con mi amigo,
que embarcar solos.
(En esos momentos, se estaba librando
en Stalingrado, al sur de Rusia, una
batalla decisiva entre Alemania y
Rusia, con muchísimas victimas,
pero con el feliz resultado de la
derrota de Alemania.) El mariscal
Von Paulus, con 15 generales y con
sus tropas diezmadas, se rindieron
marcando el principio del fin de los
monstruos nazis.
En Buenos Aires nos esperaba mi hermano
Rafael dos años mayor que yo,
de ahí a Paraguay en barco,
luego vuelta a Buenos Aires culminando
la emigración (huida) con la
inmigración feliz y nuevamente
huída con inmigración
feliz, ¡viva Argentina!
Así, en Buenos Aires, Argentina,
termina mi “divertido”
trotamundismo; con todo el inextinguible
dolor por tanto sufrimiento, de mi
madre, de mi hermana con su nena y
la desgracia que les ha tocado sufrir
a manos de los dementes asesinos nazis.
Tantos millones de seres humanos a
los que no les ha tocado, como a mí,
el milagro de sobrevivir.
Pero la vida sigue. Dos hijos, dos
tesoros, una hija y un varón,
cinco nietos maravillosos, una hija
y un hijo políticos muy queridos,
completan el cuadro de un hombre realizado
en esta tierra bendita Argentina.
En el otro escenario las
mujeres: el campo de Mériñac
Simone, la mujer de mi amigo Sammy,
compañero de viaje, había
viajado a Tarbe, no lejos
de la frontera española, para
despedirse de un primo, mientras que
mi mujer Ida, mi amigo Sami, una amiga
de estos amigos y yo viajamos a Ax
les Thermes.
El plan era que el 10 de noviembre
a la hora que habían convenido,
Simone esperaría a Ida y a
Renée en la estación
para seguir viaje con ellas hasta
la frontera. Pero el diablo metió
la cola; Simone esperaba en la estación
y en vez de estar lista para seguir
con ellas, las invitó a almorzar
a la casa del primo y luego tomarían
el próximo tren para seguir
hasta la frontera.
Pues este tren con el que no siguieron
era el último que siguió
tranquilo hasta la frontera. El siguiente,
el que tomaron, ya fue rastreado por
los alemanes - era el día de
su invasión a la Francia libre
-. Ellas fueron controladas y llevadas
al campo de concentración de
Mérignac.
Ironías del destino: Renée
sólo quería pasear,
acompañando a sus amigos hasta
la frontera; cayó en la misma
redada.
Mi mujer diabética insulino-
dependiente fue a parar al hospital
por carecer, el campo, de insulina.
A miles de diabéticos la diabetes
les costó la vida, a mi mujer
la diabetes le salvó la vida.
Después de meses de hospital
pudo escapar con la ayuda de una monja
y de un matrimonio joven (ver
en biblioteca); pudo sobrevivir
hasta la liberación y en el
primer barco francés que zarpó
después de la guerra para América
Latina - Le Groix - vino a la Argentina.
Yo tomé el avión hasta
Río y ahí embarqué
con ella hasta Buenos Aires.
Simone y Renée fueron deportadas
juntas con gran transporte de víctimas
en Mérignac desde donde no
volvieron, para gloria de los súper
hombres Alemanes y Franceses colaboradores.

Jacques
Bar, Marzo 2009
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