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Alejandra Perciavalle
Ginebra, 20.10.00
Desde que tengo uso de razón
que quise emigrar. Tal vez porque
ya mis padres habían querido
partir 3 veces y por distintos motivos
siempre se les pinchó el globo
y nunca pudieron concretar, y entonces
crecí con la consigna de que
afuera se vivía mejor.
Hace diez años cuando me toco
irme a USA, tuve la feliz oportunidad
de concretar un sueño atesorado
por muchos años. Lamentablemente
a los 15 meses tuve que volver y pensando
que nunca mas me iría, me aboqué
a la dura tarea de hacer las paces
con el país y establecerme
para siempre. Sentía que ni
podía pasarse por mi cabeza
la idea de volver a partir, pues ya
había tenido la oportunidad
y la vida me había regresado.
De modo que me puse la camiseta de
“no hay como vivir en Pilar”
y me instalé. El destino (todos
ustedes conocen mi historia) volvió
a ponerme delante las maletas y esta
vuelta no tenia muchas opciones, así
que las hice con mucho dolor pero
también con mucha esperanza,
de encontrar aquí un lugar
desde donde poder crecer y hacer realidad
lo que no pude concretar en mi país.
Siempre me sentí muy universal.
Tal vez porque desde chica viajé
mucho. Nunca me consideré patriota.
En realidad siempre tuve el mismo
cariño y la misma admiración
por Belgrano que por Oscar Wilde y
por Walt Disney. Y siempre me pareció
injusto que pagando los impuestos
y trabajado duro debía resignarme
a vivir en un país cuyo modelo
no me gustaba y no compartía.
A lo mejor por estas cosas es que
no me siento atada a la Argentina
por ninguna tradición.
Insisto no quiero volver y tampoco
me muero por estar lejos. Uds. bien
saben que no la paso mal y voy cumpliendo
con creces el cronograma de la integración
europea...
A mí lo que me atan son los
afectos. En el Sur esta mi historia,
mi infancia, la gente que habla el
mismo idioma y usa los mismos códigos
que yo.
Muchos de ustedes me dicen que me
escriben poco pues no quieren tirar
pálidas, no tienen nada para
contar, allá no pasa nada,
mientras que para mi todo es novedad
y siempre tengo cosas lindas para
compartir. Es verdad, yo estoy empezando
una vida nueva en un país rico
y estable. Todo es asombro y descubrimiento.
Transito el interesado e interesante
diariamente. Pero todavía me
sigo nutriendo de lo que para ustedes
es “lo habitual”, lo de
todos los días pues esa sigue
siendo aun mi historia. Son esas las
cosas que extraño o que me
faltan, las cotidianas, las que no
sorprenden, las de siempre... Por
supuesto no extraño el vivir
sin poder proyectar, sin un futuro
previsible, la incertidumbre, la bronca,
la impotencia, para nombrar algunas
de la larga lista. Pero si los extraño
a Uds. amigos con todo lo que tienen
o lo que no tienen, con sus miedos,
sus pálidas, su humor, su tristeza...
porque Uds. son parte de mí
y yo soy parte de Uds. No puedo compartir
“eso” que es tan fácil
de sentir y tan difícil de
explicar con ningún europeo,
por mas amigable y simpático
que sea. “Ese” es mi agujero
y sé que no va a cerrarse nunca.
Con el paso del tiempo, se ira volviendo
mas pequeño a medida de que
los otros espacios crezcan y vayan
de esa forma relativizando su valor.
Aquí gozo de muchísimos
beneficios y tengo una vida de mucha
calidad. Hasta mi aspecto y el hecho
de tener el pasaporte suizo me permiten
tener una posición muy ventajosa
frente a otros europeos o personas
que también viven en Suiza.
Cuando uno no tiene que pasar ninguna
hora del día pensando en si
tiene o no o si le alcanza, puede
elegir utilizar ese tiempo para crear
felicidad, calidad y calidez, cultura,
no sé miles de cosas. El vivir
con seguridad y poder planificar me
provocan felicidad, plenitud y una
sensación de bienestar que
siempre añoré aun sin
saber que podría concretar...
pero no puedo salir del subte (que
encima en Suiza no hay, acá
hay tranvía) y pararme en un
kiosco o una librería de Corrientes
a mirar libros y revistas... no puedo
ir al cine con un grupo de amigas
y volver a mi casa tarde...no puedo
ir al cementerio a poner flores en
la tumba de mi madre... no puedo abrazar
a mi padre... no puedo admirar los
árboles de mi jardín...no
puedo ir a meditar a lo de Silvina...
no puedo tomar mate con Andrea. no
puedo ir a una charla de Rogelio...
no puedo ir a las clases en lo de
Claudia... no puedo tomar clase de
yoga con Alicia... ni siquiera puedo
levantarme un tipo en una estación
de servicio!!! No sé cuanto
tiempo voy a necesitar para que el
poder visitar distintos centros de
ski en invierno o el poder viajar
a ciudades europeas los fines de semana
donde puedo vivir en carne y hueso
la historia y geografía que
estudiamos en el colegio, reemplace
esas vivencias con creces. Tal vez
tenga que vivir mucho tiempo aun así,
con esta añoranza aguda. Solo
les puedo decir que cuando me doy
permiso para sentir y siento que la
angustia me invade y la tristeza me
ata un nudo en la garganta, cuando
me permito rememorar tantas cosas
vividas que duelen por el solo hecho
de volverse imposibles, me digo “acá
estas mejor”, lo racionalizo
y lo entiendo, pero no por eso deja
de dolerme y se me llenan los ojos
de lágrimas pues no puedo,
aun no puedo dejar de sentir que el
camino es bellísimo pero tremendamente
solitario...
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