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Mi Historia y el 3er. Reich
  ALGUNAS CONSECUENCIAS que sobre mi vida tuvo la EMIGRACIÓN FORZADA de mis padres por la persecución nazi y el 3er. REICH

Fernando Weissmann - Versión abreviada

Quiero agradecer en primer lugar a Celia Katz la invitación a presentar en APA este trabajo, así como expresar mi agradecimiento a Mónica S. Armesto que me ofreció la posibilidad de presentarlo en el Congreso de la IPA en Berlín a fines de Julio de este año. Pero además quiero recordar y destacar la actitud de nuestro presidente de la IPA Claudio Eizirik, que en el acto de inauguración del Congreso, comenzó recitando en Idish: “Zog nit kein mol az du gueist dem letstn veg”. El himno de los partisanos, la valiente resistencia judía que enfrentó a los criminales nazis.

Lo que les presento hoy es una versión muy abreviada del trabajo original, si alguien desea leer la versión completa, con gusto se la enviaré por email.

“Los monstruos existen pero son demasiado poco numerosos para ser verdaderamente peligrosos; los que son realmente peligrosos son los hombres comunes” (Primo Levi, “Si esto es un hombre”, 1987).

Estoy dentro de aquellos que son llamados, 2da generación de sobrevivientes. Pero a pesar de haber nacido en la Argentina, en la Prov. de Entre Ríos, viví todos los problemas y conflictos que trae consigo el profundo desarraigo, y la necesaria adaptación, como condición de supervivencia; así como los terrores persecutorios sufridos por mi familia y que de una forma conciente o inconsciente me fueron transmitidos desde mi nacimiento o incluso antes. Pienso que el inicial ocultamiento de mi condición de judío, por miedo a la persecución nazi cuando llegaron como emigrantes, tuvo un importante significado que me llevó al psicoanálisis para intentar entender, desentrañar lo oculto, lo reprimido, lo tan temido.

La historia vivida y recordada a través del tiempo, puesta en palabras, se convierte así en un elemento esencial. Como sucede en todo tratamiento psicoanalítico, en que es posible hacer consciente aquello que produce un intenso dolor. Es por ello que el psicoanálisis me ha sido muy útil no solo a los fines terapéuticos propios, sino, porque el llegar a ser psicoanalista me dio la oportunidad de ayudar también a otras personas. Comprender el pasado es vivir mejor el presente y hacer mejores proyectos para el futuro.

La pregunta clave para mí fue ¿Cómo influyó la persecución judía en mí? Porque si bien no la viví directamente, salvo en ciertas ocasiones; en mi recuerdo quedaron grabados los relatos y en especial el miedo que me fue transmitido por mi entorno, como si yo también hubiera pasado por lo mismo.

Encontré que los sobrevivientes de los Campos de Concentración evitaron por décadas, hablar por lo que pasaron, y esto por varios motivos:

a) Recordar significa reactivar núcleos traumáticos (disociados) que contienen enormes cargas de angustia y de terror, que prefieren no volver a sentir. “La memoria ayuda a vivir. Y la misma memoria tortura” (J. Fuchs).

b) No transformarse en torturadores de sus propios hijos y familiares al relatarles episodios de persecución y del Campo. Ya que inevitablemente les trae un enorme sufrimiento a los que escuchan dichos relatos.

Por lo cual los sobrevivientes se niegan, inconscientemente, a transformarse en verdugos-nazis (al identificarse parcialmente con ellos) que asustan y amedrentan a sus propios hijos y nietos.

c) La culpa inconsciente del sobreviviente: tema crucial y casi imposible de elaborar. ¡¡Que se vuelve consciente con cada relato !!.

Los sobrevivientes no saben porqué sobrevivieron, no hay nada que les sirva de explicación. No fueron mejores ni peores personas, ni mas inteligentes, ni menos, ni mas sometidos ni mas rebeldes. Saben que hubieran podido estar en el lugar de las víctimas muertas, pero el hecho de estar vivos les significa una implícita acusación por parte de los que no están.

d) La vergüenza por lo que habían pasado. Este sentimiento es muy importante porque a más de las humillaciones, la degradación, la deshumanización sufrida, sienten el pudor de quien en última instancia se siente culpable de “algo” (el conocido, “por algo será, algo habrán hecho”) aplicable tanto para los que fueron asesinados, como para los que sobrevivieron.

Algunos sociólogos y psicólogos consideran que hay tres tipos de vergüenza: la vergüenza frente al recordar, la vergüenza por haber sobrevivido, y la vergüenza de ser humano.

Fueron muchos los recuerdos persecutorios que me transmitieron mis padres, ya que ellos tuvieron la desgracia de vivirlos en Alemania (aunque no pasaron por los Campos), además de sufrir la pérdida de casi todos sus familiares.

Muchos de estos temas también me fueron relatados por los residentes del Hogar de Ancianos “Adolfo Hirsch”, lugar donde trabajé siendo médico recién recibido.

Hubo una melodía que escuché casualmente en dicho Hogar de Ancianos, una canción de protesta, anti-bélica, como muchas de las melodías que Marlene Dietrich cantó-interpretó con su proverbial voz; que se refiere a la búsqueda nostálgica y angustiosa de los jóvenes que habían desaparecido a causa de la guerra.

Esta canción, influyó mucho en mí porque me llevó a querer profundizar y averiguar más sobre mi historia judío-alemana.

Si hubiese tiempo, al final de la reunión, me encantaría que la escuchen.

Haré una breve síntesis de mi historia personal. Mis padres vivían en el Sureste de Alemania, Alta Silesia (Ober Schlesien) cercano a las fronteras con Polonia y Checoslovaquia (actual Rep. Checa).

Se casaron el 19 de Noviembre de 1937 (En la Libreta de casamiento ya figuraba el sello con la Cruz Esvástica Nazi), teniendo mi madre apenas 16 años cumplidos. Pero debieron casarse, un mes antes de emigrar, para obtener el visado a la Argentina (era necesario contar con un amplio grupo familiar constituido).

La persecución a los judíos en la Alemania de aquellos tiempos ya era muy importante: no se podía dialogar, ni intercambiar, ni comerciar con los no-judíos. Antiguos amigos, compañeros de colegio o conocidos los evitaban, aunque unos pocos se arriesgaban e incluso les dejaban paquetes con alimentos, de noche, en el umbral de su casa.

Hubo un episodio particularmente dramático, cuando antes de emigrar, como era la costumbre judía fueron a despedirse de los familiares muertos al cementerio local, y sorpresivamente comenzaron a ser perseguidos por algunos muchachos de la Juventud Hitlerista, que los acechaban, y les tiraron piedras. Logrando apenas escapar pedaleando con todas su fuerzas en sus bicicletas.

La emigración de Alemania fue posible gracias a la intervención de la Bené Brith y de la generosidad del Baron M. Hirsch que había adquirido grandes extensiones de territorio en 3 provincias argentinas: Santa Fe, La Pampa y E. Ríos. La elección de la Argentina como punto de destino de la migración fue absolutamente fortuita, es lo que simplemente habían conseguido a través de la Bené Brith.

Después de un tomentoso y arriesgado viaje en tren desde Cosel (actualmente en Polonia), a la ciudad de Hamburgo abordaron el barco francés Formose, en diciembre de 1937. Llegando después de 5 semanas de horrible travesía, en enero de 1938 a Buenos Aires, previa escala en el puerto de Le Havre (en Francia) en donde se sumó Franz (hermano de mi madre) e Ilse (su esposa embarazada).

El viaje en barco fue espantoso, muy prolongado, muy movido, lleno de miedos, ansiedades e incertidumbres, pero con toda la expectativa de una nueva vida, sin nazis que los persiguiesen.

Al llegar al puerto de Buenos Aires, a los pocos días, tomaron un tren desde Chacarita (línea General Urquiza) para dirigirse a la Prov. de Entre Ríos. Durante el prolongado viaje sufrieron miedos muy intensos pensando que podían ser agredidos en cualquier momento por los “gauchos criollos” (con facón al cinto) a los que temían, considerándolos cuasi indios salvajes (por ejemplo, tenían mucho miedo a que se ofendiesen, si les rechazaban una bebida llamada “mate”, que se succionaba por una bombilla) y a los cuales, por supuesto, no entendían una palabra, porque mi familia no hablaba en castellano todavía.

Así es como llegaron a la Colonia Avigdor, estación Bovril de la Prov. de Entre Ríos, después de recorrer un camino muy difícil, carro mediante, tirado por 6 caballos debido a una abundante lluvia que los había recibido, embarrando y anegando completamente el camino de tierra.

Llegaron, como Moisés, después de un prolongado viaje, a la colonia, lugar en el cual habían depositado todas sus ilusiones de una “tierra prometida”.

Fue sumamente difícil el asentamiento dada la extrema pobreza y el total desconocimiento de las tareas campestres. Había un rancho con tierra apisonada como piso, techo de paja y algo de ganado (perros, vacas y caballos) no había electricidad ni agua corriente, pero por sobre todo había mucho desamparo y desolación. Aunque al menos habían logrado salvar sus vidas. Tuvieron que aprenderlo todo, particularmente el idioma.

La Jewish Colonization Association (JCA) organizó el asentamiento, y habían establecido parcelas próximas integradas por cuatro grupos de familias. Así fue como comenzaron, con gran espíritu solidario, a ayudarse mutuamente (eran todos emigrantes, en general de Alemania escapados del nazismo aunque algunos provenían de Rusia -deutschrussen-) conformando un grupo humano que estableció lazos solidarios de ayuda y cuidado muy importantes para sobrellevar tantas dificultades.

“Los gauchos criollos les enseñaron a usar bombacha bataraza, y a calzar alpargatas. A pesar de lo cual, como se dice hasta hoy en las colonias, los gauchos judíos sembraron trigo y cosecharon doctores”. (Alicia Dujovne, 13 de Diciembre de 2006).

Lamentablemente tuvieron que sufrir una gran escasez de alimentos, que los llevó a pasar muchas veces hambre, ya que había muy pocos productos que pudieron cultivar – algunos árboles frutales, y hortalizas-. Siempre recuerdan la importancia que tuvo el Tajamar (una especie de lago excavado artificialmente) del cual pudieron pescar anguilas que una vez ahumadas constituían un manjar que comían con fruición.

El agua se obtenía por un malacate con tracción a sangre (un caballo con los ojos vendados debía caminar por muchas horas en círculos para extraer el agua para la batea de los animales y para el tanque de agua de los colonos).

Pero lo que era de uso habitual era una bomba manual para el agua bebible.

Cada integrante de la familia se ocupaba de aquellas tareas que podía asumir, así aprendieron por ej. a sembrar y cosechar granos. Incluso mi abuela materna, entre otras actividades, hacía de peluquera de la Colonia a los fines de la sobrevivencia.

Pero pareciera que el destino se hubiese ensañado cruelmente con ellos en esos años, ya que sufrieron dos plagas que destruían todo a su paso. Por dos años consecutivos fueron las langostas y al tercer año fue la plaga de los loros. Como resultado de lo cual, de los esfuerzos de todo un año quedaba poco o nada de beneficio y muchas deudas con la JCA.

Nací el 28 de Junio de 1940 por deseo explícito de mi madre, aunque no así de mi padre, que no estaba de acuerdo, por la situación de extrema pobreza (por eso, supuestamente, nací después de un embarazo de 11 meses, un verdadero potrillo, le decían a mis padres) y me cuidó fundamentalmente mi abuelo materno Hugo, en tanto que mi abuela se dedicaba, al igual que mi madre, a tratar de armar un hogar y cocinar lo que se pudiese conseguir.

Deseo destacar como un punto muy importante de mi educación infantil, que la angustia vivida por mis padres por la persecución nazi, los llevó a querer disimular su origen judío.

Es por eso que me interesó la elección de mi nombre, Fernando, que surgió como desplazamiento de Fernández, nombre de uno de los peones (gaucho criollo), que ayudaba en las tareas campestres. Pensaron que con el nombre, Fernando, pasaba mas desapercibido mi origen. Porque habían aprendido que era mejor ocultarlo, para poder sobrevivir. De cualquier manera, años después, estudiando historia, descubrí que Fernando era el nombre de un Rey Español “Fernando VII” (e Isabel la Católica) que mucho tuvo que ver con la persecución a los judíos, a través de la expulsión de España de los mismos, y de la subsiguiente crueldad de la inquisición (a los marranos).

Después de un par de años de frustraciones, carencias y muchas angustias, decidieron que parte del grupo familiar se trasladara a la ciudad de Rosario (Prov. de Santa Fe) buscando nuevos horizontes para vivir. Fue la segunda emigración.

Algunas de las experiencias relatadas mas arriba las pude revivir posteriormente, y se superpone a los recuerdos que conservo, porque después de la migración de Entre Ríos a Rosario y posteriormente a Buenos Aires, los chicos de la familia éramos enviados durante las vacaciones escolares, casi los 3 meses de verano, a nuestras familias del campo (habían optado por quedarse los tíos y abuelos paternos). En este sentido las imágenes que tengo de la época del campo pueden ser una condensación de recuerdos antiguos, recuerdos de años posteriores, relatos familiares y fotografías de aquél entonces.

Mi padre comenzó a trabajar como camionero en Rosario, cargando cajones de frutas y hortalizas; y también armazones de hierro para las ferias francas. Mi madre se empleó como mucama-institutríz en una familia inglesa adinerada. Yo estaba en aquél entonces al cuidado de mis abuelos maternos y mi tía.

Es a partir de esa época, que el grupo familiar comenzó a sentir que las cosas estaban mejorando y, que gradualmente estaban progresando.

Un cambio muy importante fue el traslado de mi familia (mis padres, abuelos maternos y yo) a Buenos Aires en 1943 (Tercera migración), ante el ofrecimiento del patrón de la casa donde trabajaba mi madre (que tenía un aserradero de maderas) para que mi padre se hiciera cargo de una sucursal, que abriría, en la Capital Federal.

Una caracterísitica destacada de mi padre era la perseverancia, la enorme capacidad de trabajo y el deseo de brindarle a la familia la comodidad de un saludable bienestar. Por lo cual su dedicación al nuevo empleo tuvo un resultado muy bueno.

Aunque también surgieron desavenencias en el seno familiar, en particular entre mi padre y mis abuelos maternos, para gran sufrimiento de mi madre. Conflictos que he reconocido, surgen bastante frecuentemente entre los emigrantes, después de un primer tiempo de armonía y solidaridad, frente al esfuerzo por la supervivencia y la adaptación a la nueva situación.

En Buenos Aires no fuimos a residir al barrio en el que habitualmente se establecían los inmigrantes judío –alemanes (jekes) que era en el barrio de Belgrano, sino que fuimos a vivir a Caballito. En un departamento alquilado, en una zona en la que no era tan frecuente encontrarlos.

A fines del año 1943, el 25 de Diciembre, coincidiendo con el nacimiento de Jesus, nació mi hermano Juan Carlos, (interesante relación con otro Rey de España, pero actual) que también es médico y psicoanalista de la misma institución, la Asociación Psicoanalítica Argentina.

La elección de su nombre por parte de mis padres también estuvo claramente alejada de la tradición judía. Como expresara mas arriba, el objetivo era que justamente no fuéramos fácilmente identificados como judíos por el nombre (equivalente a una amarilla estrella de David). Lo que hubiese Implicado un riesgo muy grande, de acuerdo a la experiencia vivida por ellos. Además podríamos beneficiarnos incluso del equívoco de no ser considerados judíos, sino “verdaderos alemanes” porque el apellido WEISSMANN, contiene una doble W, una doble SS y una doble NN, por lo que muy bien podía suponerse que es un nombre de origen alemán, pero no judío.

Junto con nosotros en Buenos Aires, vivían mis abuelos maternos, en tanto que los de mi padre permanecieron en el campo. Mi abuelo materno Hugo comenzó a enfermar mentalmente escapando gradualmente de la realidad, devariando, hablando de manera confusa, alejándose del hogar y no pudiendo luego encontrar el camino de regreso. Con el correr del tiempo se convirtió en un franco delirio místico con ideas mesiánicas. Frecuentemente rezaba en hebreo en diferentes lugares, fuera de todo contexto y ubicación. En especial rezaba las bendiciones de las festividades Judías Mayores. Había sido muy religioso en Alemania y pertenecía a la logia Bené Brith. Lo cual era un motivo de orgullo para la familia en aquel entonces (incluso conservo un reloj de bolsillo de oro con cadenita, que le fuera entregado en Alemania, en una ceremonia cargada de simbolismo), pero indudablemente no para vivir en la Argentina de aquél entonces.

El régimen político imperante en Argentina por aquella época era predominantemente anti-judío, pro alemán y de admiración por el régimen nazi-fascista.

Relata Alicia Dujovne que “...de regreso a Buenos Aires pasamos frente a la Facultad de Filosofía y Letras donde yo misma cursé estudios alguna vez. Con nosotros viajaba una profesora de la UBA. "¿Ven esa pared? -nos preguntó- Ahora ya han borrado lo que había escrito. Esa frase provenía de aquellos años 30 en que surgieron los periódicos nacionalistas antisemitas Pampero y Clarinada. Esta frase volvía desde el fondo de una historia cuyos demonios siguen girando. "Haga patria -decía- Mate a un judío."
(Alicia Dujovne Ortiz, LA NACION, 13 de Diciembre de 2006)

Pero se dió en nuestro caso, la paradoja increible de que la persecución que vivimos en un principio, era por ser Judíos, en un país eminentemente católico, y luego cuando cercana ya la finalización de la guerra y la derrota del 3er. Reich, la Argentina le declaró (valientemente) la guerra a la Alemania nazi y al Imperio del Japón (en Marzo de 1945), uniéndose de esta manera, aunque un poco tardíamente, a los aliados. Desde ese momento la persecución cambió de texto. Porque mi familia tuvo que presentarse regularmente a la comisaría policial cercana a nuestra vivienda, pero esta vez por ser de origen alemán, y por lo tanto potenciales enemigos de la Argentina (¡¡teniendo que informar regularmente su domicilio y ocupación desde Enero de 1946 hasta Julio de 1948!!). Con una Cédula Especial de Extranjero, que decía bajo vigilancia. Con lo cual la persecución lamentablemente existió siempre en aquella época, por un motivo o por otro (por ser judíos y por ser alemanes).

A partir de mi Bar Mitzva (ceremonia que se realiza a los 13 años de edad y que implica cumplir con los preceptos del judaismo) con ceremonia religiosa (templo de la NCI) y fiesta posterior en mi casa. Comencé a recibir un mayor conocimiento acerca del judaismo, aunque nunca demasiado, ya que no concurríamos al templo mas que para saludar a mi madre en las grandes Festividades, porque ella sí había asumido la religiosidad de mi abuelo. Prendiendo las velas todos los viernes y haciendo las bendiciones correspondientes. Costumbre que sigue manteniendo hasta la actualidad.

El temor a ser reconocido como judío me parece que siguió existiendo. En el Colegio fuí discriminado abiertamente de mis compañeros, porque tenía que asistir a clases de Moral, cuando el resto de mis compañeros tenían como materia Religión, y hasta en algunas ocasiones me insultaron con el consabido “judío de mierda”. En la Universidad tomé distancia de aquellos profesores u Hospitales que se rumoreaba que no simpatizaban demasiado con los judíos. En especial en las Guardias Médicas Hospitalarias que abiertamente rechazaban a los judíos y a las mujeres.

Recuerdo con mucha emoción que mi padre me acompañó a comprar los primeros libros de la carrera de Medicina (que él hubiera querido estudiar), sin reparar en gastos (por ej. ¡¡los 4 tomos de Testut Latarjet, en tapa dura!!) a pesar que no eramos una familia pudiente. Fue un hecho muy significativo para mí, ya que mi padre no solía ser muy expresivo de sus sentimientos. Sin embargo mostraba su orgullo frente a familiares, amigos y conocidos, contando con mucha satisfacción y orgullo que tenía, no solamente un hijo médico sino dos, ya que mi hermano también se había recibido de médico y luego de psicoanalista.

Gracias a la gestión de mi abuela paterna, ingresé y comencé a vivir y trabajar como médico interno en el Hogar de Ancianos “Adolfo Hirsch”, de la Asociación Filantrópica Israelita (que comenzó denominándose "Hilfsverein Deutschsprechender Juden") en 1965.

En esa época conocí al Dr. Ángel Garma, renombrado psicoanalista argentino (emigrado de España y que llegó al pais en épocas muy cercanas a la de mis padres). Ángel se había formado en el Instituto Psicoanalítico de Berlín antes de la 2ª Guerra Mundial y había renunciado a su membresía cuando fueron expulsados los psicoanalistas judíos de dicho Instituto. Fue uno de los pioneros que fundó la Asociación Psicoanalítica Argentina junto con Arnaldo Raskovsky y Celes Cárcamo (1942).

Comencé un grupo de estudios con Jorge Cagnoni (psicoanalista que estaba también realizando su formación en la APA) y mi análisis personal con José Schechtman. Mi trabajo en el Hogar Adolfo Hirsh, me dió la posibilidad de costearme el psicoanálisis, los estudios, y pensar en casarme con Aída (1965). Comencé a hacer psicoterapia con los internados y a realizar terapias grupales, estimulado por Leopoldo Salvarezza (psicoanalista que estaba trabajando sobre el tema geriátrico y era profesor en la Escuela de Psicoterapia para Graduados y en la Universidad) y Mario Strejilevich (reconocido gerontopsiquiatra de la época).

Los ancianos eran sobrevivientes que habían logrado escapar de la Alemania nazi y en muchos casos llevaban grabados en el antebrazo los números que los identificaban cuando eran prisioneros en los Campos de Concentración. Habían perdido su nombre y su condición de seres humanos.

Así fue que tomé un contacto muy directo e impresionante con el genocidio nazi, a través de los relatos que me hacían estos pacientes en las sesiones grupales e individuales. Síntomas somáticos, insomio y pesadillas, surgían con mucha frecuencia. Pude aliviar y mejorar a algunos de mis pacientes, después de vencer grandes resistencias para traer dichas vivencias al recuerdo, pero yo mismo quedaba bastante alterado después de escuchar los trumáticos relatos que me hacían.

A partir de 1967 comencé a estudiar en la Escuela de Psicoterapia para Graduados, cuyos profesores eran casi en su totalidad miembros o candidatos de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Mientras realizaba mi análisis personal, en 1970, pude iniciar mi formación en APA y mi análisis Didáctico con Ángel Garma.

Por otra parte nuestra familia siguió creciendo, teniendo en la actualidad la enorme satisfacción de haber criado y educado a mis tres hijas (Paula-médica, Viviana-economista y Carina-bioquímica) y disfrutando hoy en día, de cuatro nietos (Sebastián, Estefanía, Santiago y Agustín) y dos yernos (Damián y Marcelo).

Algunas Conclusiones:

Considero que de los diversos factores que influyeron en mi vida, y me llevaron a ser psicoanalista, asi como mi creciente interés por el tema de la persecución antijudía, los más importantes han sido: a) el clima persecutorio anti-judío transmitido a través de mis padres, b) su forzada y angustiante emigración, c) el intento del inicial ocultamiento de nuestra condición de judíos y por otra parte d) la actitud comprensiva, protectora y cariñosa de mi familia que me fueron permitiendo una gradual elaboración de dicha persecución y e) el posterior acercamiento al psicoanálisis.

El psicoanálisis me permitió entender algo más acerca de mi origen y el peso que tuvo la persecución antijudía. Pero quisiera en particular señalar la incidencia que seguramente tuvo, en mis primeros años, mi abuelo materno Hugo. Pienso que pude salir adelante, desarrollarme, formar una familia y ser útil a la sociedad en la que vivo, (conservando sin embargo siempre una dosis de temor o incluso cierto estado latente de preparación frente al potencial peligro de persecución) gracias al cariño y contención de mi familia.

En este sentido los sobrevivientes han tenido una función notable, por un lado han elegido la vida y decidieron luchar tenazmente por ella (no hubo muchos casos de suicidio en los Campos de Concentración), pero además han tenido ese impulso vital de querer cuidar y proteger con una energía enorme, a sus hijos y nietos.

Durante muchos años no quise saber nada de los Campos de Concentración y de la persecución nazi. No quería leer libros, ni ver películas o la TV, sobre este tema, porque la angustia que me producía era muy difícil de tolerar. No podía dormirme sin tener pesadillas, en las que me veía transportado a situaciones terriblemente torturantes, siniestras, y terroríficas. Me costó mucho esfuerzo poder entrar al Museo Yad Vashem en Israel. Porque era como si yo mentalmente me trasladara allí, identificándome con el sufrimiento de las víctimas, y vivir lo que mis antepasados y correligionarios habían sufrido. Entiendo que tiene que ver con la culpa de los sobrevivientes, porque lo he conversado con colegas (sobrevivientes e hijos de sobrevivientes) de 2ª generación del Holocausto, a los que les sucedía lo mismo. Pero con el tiempo y la ayuda del psicoanálisis, gradualmente pude ir acercándome a los relatos, escritos e imágenes del odiado 3er. Reich. Incluso la expresión -3er. Reich- del título de esta presentación me da la impresión de ser un eufemismo por la persecución genocida-nazi.

Problemática de la Wiedergutmachung:

Relacionado con el tema anteriormente mencionado está la aceptación por parte de las víctimas y de los sobrevivientes de la “Wiedergutmachung” de Alemania. Problema que generó un íntimo conflicto en mi familia como en tantas otras. Se trata de la decisión de aceptar o no los humillantes trámites y revisaciones médico-psicológicas, con el objetivo de recibir del gobierno alemán de post-guerra, una suma de dinero en concepto de indemnización, o/y una jubilación que les hubiera correspondido, de no haber existido la persecución y el genocidio. Los nazis les habían quitado a las víctimas no solamente la posibilidad de vivir y trabajar en Alemania sino incluso les habían quitado todos sus bienes e incluso la odiada nacionalidad alemana (ya que emigraron despojados de toda identidad).

El problema que trae la Wiedergutmachung es la posibilidad de remediar un daño o un conflicto. Con la finalidad de “hacer (machen) de nuevo (wieder) bien (gut)”, lo que se hizo mal y operaría con la lógica del resarcimiento (J. Canestri). Pero, por supuesto, habría que precisar su límite, y asumir que no-todo daño es remediable. De este modo nos enfrentamos con el arduo tema de la posibilidad de perdonar.

Siendo la así llamada religión del perdón (Versöhnung, con sus resonancias cristianas -Democracia Cristiana- y de los cuales el perdón es uno de los sacramentos), que posibilita la reconciliación con Dios, expresión del ilimitado poder del amor. (Alberto Cabral)

Lo imperdonable señala un límite a la reconciliación (Versöhnung). En un trabajo reciente, Canestri, (2006), ha propuesto construir con este término un concepto que agrupa sus usos dispersos en la obra de Freud. Y lo inscribe, más allá de sus diferencias, en el mismo campo semántico que la reparación kleiniana (Wiedergutmachung).

¿Se podrá aceptar la Wiedergutmachung sin perdonar? Arduo problema que fue resuelto en mi familia respondiendo por la afirmativa, pero dejando sus secuelas.

Otros aportes:

Hay un sobreviviente en particular que conocí mucho tiempo después, pero con mayor profundidad, Jack Fuchs. Que pudo atreverse a hablar, dar charlas, conferencias y escribir artículos periodísticos y libros. Me permitió comprender un poco más la dificultad que tienen los sobrevivientes para hablar sobre sus vivencias.

Fue mi interés por el tema del genocidio nazi lo que me llevó también a participar junto a un grupo de colegas en la presentación de un trabajo psicoanalítico sobre “El horror en la contratransferencia”, en el 38º Congreso de la IPA en Amsterdam (Holanda, 1993). En que presentamos el caso de una joven paciente alemana, cuyo padre probablemente formara parte de la SS, y que yo había atendido en la Argentina (en alemán) cuando temporariamente residió en nuestro país.

El psicoanalista alemán Eberard Haas presentó en el Congreso de la IPA (de Buenos Aires, 1991) un trabajo muy interesante, en el que participé como comentador, postulando una diferencia muy valiosa entre el recordar y el rememorar/conmemorar. Con lo cual incluyó la enorme importancia de la dimensión socio-cultural para señalar la necesidad del reconocimiento de la sociedad. Elemento que había sido dejado de lado durante muchos años. Porque no podemos dejar de recordar que la imposibilidad o gran dificultad que los judíos tuvieron para poder emigrar de la Alemania del 3er. Reich, no provino solamente de los nazis alemanes que querían exterminarlos (El Protocolo Solución Final, Conferencia de Wannsee, data de Enero de 1942) sino porque ya con mucha anterioridad no fueron aceptados, por lo general, por ningún país.

Es por ello que el reconocimiento de la sociedad, su aceptación por la comunidad, a través de: Encuentros, Congresos, rememoraciones públicas, museos evocativos, publicación de diarios, revistas, libros, etc. Incluida la creación del Estado de Israel, es una manera, a mi parecer, en que parcialmente se intenta reparar un hecho fácil de reconocer: El rechazo que hacia los judíos tenía la comunidad internacional en su globalidad. Como si hubiese “algo de cierto”, en que el pueblo judío era una minoría merecedora del maltrato, la tortura y el asesinato. No debiendo haber para ellos lugar alguno para vivir en este planeta, pues todo lo contaminan e infectan.

Hubo incontables acontecimientos históricos y políticos que fueron preparando el holocausto y su acontecer desde hacía muchos siglos.

La culpa:
¿Se puede acusar al pueblo alemán en su totalidad o solamente al gobierno o a algunos de sus gobernantes de una determinada época, o a la humanidad entera?

En este sentido me parece oportuno citar al filósofo Kart Jaspers que señala con acierto cuatro niveles de culpabilidad frente a lo perpetrado:

1) La culpa criminal, que recae sobre los autores materiales de los hechos.

2) La culpa política, que recae sobre quienes estuvieron ligados con el Estado.

3) La culpa moral, que recae sobre las personas que se mostraron de acuerdo o se comportaron de manera indiferente frente a la barbarie de la que eran contemporáneos.

4) La culpa metafísica, que recae sobre el hombre, por pertenecer a la humanidad que permitió que ocurriera lo acontecido y que les negó su solidaridad a las víctimas. (Adriana Schettini)

Para finalizar quisiera citar a PRIMO LEVI a 20 años de su muerte:
Jack Fuchs en “El poder de las palabras”, lo recordó con este poema

Si esto es un hombre
Los que vivís seguros
En vuestras casas caldeadas
Los que os encontráis, al volver por la tarde,
La comida caliente y los rostros amigos:
Considerad si es un hombre
Quien trabaja en el fango
Quien no conoce la paz
Quien lucha por la mitad de un panecillo
Quien muere por un sí o por un no.
Considerad si es una mujer
Quien no tiene cabellos ni nombre
Ni fuerzas para recordarlo
Vacía la mirada y frío el regazo
Como una rana invernal.

Pensad que esto ha sucedido:
Os encomiendo estas palabras.
Grabadlas en vuestros corazones
Al estar en casa, al ir por la calle,
Al acostaros, al levantaros;
Repetídselas a vuestros hijos.
O que vuestra casa se derrumbe,
La enfermedad os imposibilite,
Vuestros descendientes os vuelvan el rostro.

Buenos Aires, 5 de Octubre de 2007.

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