| Un
día, Sofía lee un anuncio
en el diario local: "Gran concurso
de orquestas a realizarse en Paris, el próximo
14 de Julio".
Aún tiene un mes y Sofía
decide viajar a la ciudad Luz para entrar
a una orquesta allí y así
participar.
Su mamá le dice: "¡Sofi,
te voy a extrañar mucho!". Su
papá le pide que se cuide y sus amigos
que regrese!!
Sólo el viejo caballo declara frente
al grupo: ¡Sofía no puede perder
esta oportunidad de mostrar su talento y
todos debemos apoyarla!
Sofía, emocionada sacude su pañuelito
blanco cuando todos la despiden en el andén
de la estación de tren deseándole
mucha suerte.
Al llegar a Paris, se sienta en el café
de la "Gare de Lyon" y mientras
el mozo, Gastón, le alcanza el refresco,
toma nota en su libretita de los nombres
y direcciones de varias orquestas que figuran
en la guía telefónica.
"La gran orquesta", 5 rue de
Rivoli. ¡Suena interesante! piensa
nuestra amiga y hacia allí se dirige.
Toca timbre. Al abrirse la puerta, la recibe
un temible león.
-Aquí sólo aceptamos carnívoros,
ruge amenazador.
Por la puerta entreabierta, Sofía
ve que los músicos son tigres, osos,
pumas...
Y no se lo hace repetir. Mientras vuelve
a mirar la lista se pregunta:"¿Qué
tendrá que ver la música con
el régimen de alimentación?"
"Orquesta de herbívoros"
Excelente nivel.
-Yo soy herbívora, y muy buena pianista.
Esta es la orquesta indicada, piensa nuestra
amiga mientras dirige sus pasos al 8 de
la Rue Kléber.
Esta vez, un elefante le abre la puerta
y la hace pasar. El grupo de paquidermos
que ensaya le aclara: Lamentablemente señorita,
usted no da el peso!
Y la puerta se vuelve a cerrar detrás
suyo.
¿El peso? ¿Qué tiene
que ver el peso con la música? se
pregunta Sofía de muy malhumor pero
decidida a no darse por vencida.
Descarta varios nombres de la lista y se
detiene en "Orquesta de animales con
cuernos."
-Yo tengo cuernos, razona, no debería
haber problema.
En la sala de ensayo la reciben alces,
rinocerontes, antílopes, búfalos,
renos y un ciervo.
El director, un viejo reno le explica solemne:
Señorita, no tiene usted lugar en
esta orquesta. ¿Sabe? Hay cuernos
y cuernos!
-Claro, piensa Sofía, y los míos
son pequeños y eso ¿qué?
Gira sobre sus talones y se aleja echando
humo de rabia por sus orejas.
Indignada, resuelve intentarlo por última
vez. "Las vacas alegres" lee.
Su rostro se ilumina. ¡Debió
empezar por allí!
En el salón de la "rue de la
laitière" sólo hay vacas
como ella: marrones, blancas y negras, blancas,
negras... Bueno, como ella no.
-Nosotras somos vacas fashion -ironiza
la directora-. Nos vestimos en Chanel, fumamos
habanitos y jamás nos juntamos con
vacas del campo.
Esta vez, la puerta la cierra Sofía
dando un portazo.
-Basta de tratar con tontos, me vuelvo
a casa.
Desanda el camino hasta la estación
de tren y con cara de tristeza y cansancio
le pide un sándwich al mozo.
Es Gastón, el perro setter que la
atendiera la primera vez. Atento le pregunta:
-¿Puedo ayudarla?
Ella le cuenta lo ocurrido. Los ojos de
Gastón brillan. ¡El también
es músico!
¿Y si formamos nuestra propia orquesta?
propone. Pongamos un anuncio en los clasificados.
"Buscamos músicos para formar
orquesta. Única condición
ser idóneo. Habrá audición
de prueba."
Al día siguiente, la cola es interminable:
trompetistas, pianistas, arpistas, flautistas,
trompetistas... Bajos, altos, gordos, flacos,
carnívoros y herbívoros.
Al terminar el día, los seleccionados
comentan entre sí:
-A mí nadie me aceptaba por mi pata
de palo. Quien habla es un burro flautista.
-¡A mí me rechazaban por gorda!
Se lamenta la elefanta trompetista.
-Yo siempre fui castigado por el largo
de mi cola, suspira el cocodrilo violinista.
Y el viejo león agrega: Nunca nadie
me dejó demostrar que mis garras
sirven para acariciar el arpa.
Durante dos semanas, la orquesta "Los
profesionales" ensaya con alegría
y seriedad.
Y por supuesto, el 14 de julio, Sofía
y sus amigos ganan el concurso.
Fin |