|
A
la mañana siguiente, la maestra espera
a sus alumnos, como de costumbre, en la
puerta del aula.
Cuando Martín llega, la mayoría
de los niños ya ha entrado.
La señorita dice:"Niños,
éste es Martín, vuestro nuevo
compañerito".
_Hola Martín! responde el grupo
al unísono mientras cada uno vuelve
a su juego.
Martín es diferente. Ni blanco ni
gris, ni negro ni beige. Marrón verdoso.
Nada de pelos sedosos: una dura caparazón.
Tampoco laaargas orejas (para escucharte
mejor habría dicho el lobo de caperucita
roja), ni patas posteriores fuertes, capaces
de saltar y correr veloces.
Así que NADIE se le acerca para
RECIBIRLO e INTEGRARLO.
La docente observa y espera. Llama al grupo
a sentarse en ronda para pasar lista. Martín
llega último. Algunos conejitos se
codean y se burlan de él, por lo
bajo. La señorita Crayon, enojada,
exige silencio.
Una pequeña canción y suena
la campana del recreo.
Todos empujan y pasan por sobre la pequeña
tortuga para llegar pronto al patio.
Martín trepa a una patineta. Luego
se hamaca lentamente, ayudado por Carlota,
una conejita blanca de su salita.
Vuelve a sonar la campana y los alumnitos
regresan al aula.
Es el momento de los talleres. Gastón
ha puesto la caja de lápices fuera
del alcance de las patas cortas de Martín.
Carlota se apiada de él y le pone
el lápiz rojo entre los dedos.
Suficiente! piensa la señorita Crayon
e interrumpe el trabajo. A sentarse todos
en el rincón de reagrupamiento.
"Ustedes son un grupo; y en un grupo
no hay dos alumnos iguales. Los hay gordos
y flacos, altos y bajos, fuertes y frágiles,
lentos y rápidos. Y eso es lo que
constituye su riqueza si aprenden a ayudarse
y a respetarse unos a otros."
Gastón:" Debes compartir la
caja de lápices con tus compañeros"
Carlota:"Puedes acercársela
a Martín pero no debes hacer de él
un inútil. Martín puede servirse
solo."
Todos:"A partir de hoy, Martín
será el primero en la fila y adaptareis
vuestro ritmo al suyo"
Martín:"Harás tu mejor
esfuerzo para que tus amigos aprovechen
al máximo el recreo".
La pequeña tortuga ha viajado mucho
junto a su papá. A la hora del descanso,
les relata a sus compañeros sus paseos
en trineo en Moscú, sus zambullidas
en las aguas tibias y cristalinas del Caribe,
su emoción al descubrir el Louvre
en Paris, y la vida en una "estancia
en la inmensa Pampa argentina.
Todos los ojos rojos y las orejas rosas
le pertenecen. Es él quien abre el
cofre de las aventuras y nutre la imaginación
y los sueños del grupo.
La señorita Crayon también
lo escucha y sonríe. Sus alumnos
han comprendido. |