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Experiencias migratorias y los fenómenos interculturales
Migratory experiences and intercultural phenomena
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  Cuentos infantiles:
 
Una bruja extraordinaria.
 

Eliana Mirelman

En el bosque de Turulandia nació hace muchos años Miranda.

Miranda es una bruja y sus brujas madrinas, en el bautismo, le concedieron 3 dones: el de poder dominar tormentas, terremotos y demás fuerzas de la naturaleza, la habilidad para transformar cosas y un carisma que la convertiría en reina de las brujas.

 

Pero... siempre hay un pero a la hora de los dones en los cuentos, y en el caso de Miranda, sus brujas madrinas le advirtieron que si llegaba a sentir Amor por alguien perdería sus poderes.

Durante su infancia y adolescencia, Miranda disfrutó mucho sus trucos de magia, la seriedad con que era escuchada por las demás brujitas y el poder decidir qué clima tendría al día siguiente.

Pasó el tiempo y vio a sus amigas casarse con horribles brujos y formar familia pero ella tenía presente la advertencia de sus madrinas y jamás permitía que su corazón se enterneciese por nada ni por nadie.

Sin embargo, un día, mientras se paseaba por el bosque juntando hierbas para sus brebajes mágicos escuchó un gemido proveniente de unos arbustos y su curiosidad la llevó a acercarse.

Un bulto blanco pequeño se movía. Miranda observó asombrada. Era un bebé humano que sacudía piernas y manitos dentro de una mantita. La bruja hizo unos pasos hacia delante pero se retuvo: sabía las consecuencias. En ese momento la beba la vio, le sonrió y dijo gaaaaa!

Miranda no pensó: la tomó en sus brazos y la acunó. Sintió un torbellino dentro suyo y al segundo se sintió diferente. Comprendió que había perdido sus poderes pero no le importó. Llevó la beba a su casa, la llamó Chloé y se dedicó a ser una amorosa mamá.

Cuando Chloé cumplió 4 años, Miranda entendió que su niña debía ir al jardín de infantes, mezclarse con otros niños y aprender muchas cosas interesantes y útiles. Pero tenía miedo. ¿Cómo la recibirían los otros chicos? ¿Cómo se sentiría Chloé siendo diferente? ¿Qué le dirían de ella?

A pocos kilómetros del bosque había una escuela. El primer día de clases, Miranda vistió a su niña con bonitas prendas, puso un cuaderno, un lápiz y una merienda en su mochila y la acompañó hasta un árbol desde donde se divisaba el edificio.

- Chloé, voy a mirarte desde aquí hasta que te reúnas con los demás niños. Escucha mis consejos: sé amable con ellos, presta atención en clase para aprender y sobretodo, no prestes demasiada atención a los comentarios.

Miranda besó a su hija y la vió llegar a la escuela.

Luego giró sobre sus talones y regresó a su casa con los ojos húmedos.

Chloé saludó: Hola a todos!

- Badablin, badablan podrás venir al colegio pero siempre la hija de la horrible bruja serás!! cantaron a coro los niños.

Chloé sintió su corazón estrujarse pero no respondió, escuchó a la maestra y aprendió la lección.

Al llegar al árbol, Miranda la esperaba ansiosa: Y ¿cómo te fue?

- Bien pero los chicos son tontos!

- No los juzgues, mañana será mejor!

Al día siguiente, Miranda acompañó a Chloé unos metros más allá y volvió a hacer las mismas recomendaciones.

Chloé le dio un beso y caminó hacia sus compañeros.

- Hola!

- Badablin, badablan podrás ser una niña amable pero siempre la hija de la horrible bruja serás!

Chloé sintió que su sangre hervía y respondió: Mi mamá será una bruja pero lo cierto es que cuando me mira con sus ojos verdes su mirada tiene el brillo de las esmeraldas.

Los niños no respondieron.

Al reencontrarse con su mamá, Chloé le contó lo sucedido. Miranda sonrió enternecida pero nada dijo.

Al día siguiente, amaneció más temprano y frente al espejo maquilló sus ojos con sombra verde para acentuar su mirada. Estaba muy bonita!

Tomadas de la mano, llegaron junto al arroyo distante apenas unos metros de la escuela. Miranda repitió sus recomendaciones a la niña.

Chloé saludó y nuevamente escuchó: Badablin, badablan tu madre tendrá ojos muy bonitos pero igual una horrible bruja siempre será!

Chloé tuvo que hacer un esfuerzo para no perder la calma.

- Es cierto que los cabellos de mi madre se electrizan bajo su sombrero. Lo cierto es que cuando los cepilla por la noche, hermosas mechas rojizas llegan hasta su cintura. Y cabellos así, no se encuentran por aquí!

Se hizo silencio.

Mientras emprendían juntas la vuelta a casa desde el arroyo, la niña contó a Miranda cómo había sido su día. Esa noche, Miranda cepilló una y mil veces sus cabellos hasta que lisos colgaron hasta su cintura. Estaba hermosa!

Al día siguiente, Miranda acompañó a Chloé hasta la puerta de la escuela. Al volver sobre sus pasos estaba triste. Había llegado a oír: Badablin , badablan a pesar de sus cabellos tu madre bruja siempre será!

Se preguntó si no se había equivocado; tal vez debió enviar a Chloé a la escuela de las brujas aunque allí sólo aprendiese a hacer brujerías.

Chloé le contó esa tarde que había respondido que su mamá, cuando se ponía su vestido amarillo, resplandecía como el sol! Miranda estaba emocionada.

Esa noche cuando la pequeña dormía, subió al desván, buscó en un viejo arcón y con su capa de bruja se realizó un hermoso vestido dorado.

A la mañana siguiente con sombra verde en sus ojos que brillaban como esmeraldas, sus rojizos cabellos cayendo hasta la cintura y luciendo su vestido resplandeciente como el sol, Miranda cruzó la puerta de la escuela de la mano de Chloé.

Los niños al verla quedaron petrificados. Era la más bella entre las mamás. Por cierto no inspiraba miedo y sin embargo, Miranda estaba furiosa y se los hizo saber.

Sacó su varita mágica de la manga y apuntándoles directamente les dijo:

- Debería transformarlos a todos en sapos por haber hecho sufrir a Chloé, pero gracias a ustedes he aprendido a verme a través de los ojos amorosos y desprejuiciados de mi hija así que los invito a todos a casa a compartir la merienda y a cantar babablin badablan los prejuicios me hacen mal, badablin badablan los prejuicios ya no están.

No es ciego quien no ve sino quien no sabe mirar!


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