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Pero...
siempre hay un pero a la hora de los dones
en los cuentos, y en el caso de Miranda,
sus brujas madrinas le advirtieron que si
llegaba a sentir Amor por alguien perdería
sus poderes.
Durante su infancia y adolescencia, Miranda
disfrutó mucho sus trucos de magia,
la seriedad con que era escuchada por las
demás brujitas y el poder decidir
qué clima tendría al día
siguiente.
Pasó el tiempo y vio a sus amigas
casarse con horribles brujos y formar familia
pero ella tenía presente la advertencia
de sus madrinas y jamás permitía
que su corazón se enterneciese por
nada ni por nadie.
Sin embargo, un día, mientras se
paseaba por el bosque juntando hierbas para
sus brebajes mágicos escuchó
un gemido proveniente de unos arbustos y
su curiosidad la llevó a acercarse.
Un bulto blanco pequeño se movía.
Miranda observó asombrada. Era un
bebé humano que sacudía piernas
y manitos dentro de una mantita. La bruja
hizo unos pasos hacia delante pero se retuvo:
sabía las consecuencias. En ese momento
la beba la vio, le sonrió y dijo
gaaaaa!
Miranda no pensó: la tomó
en sus brazos y la acunó. Sintió
un torbellino dentro suyo y al segundo se
sintió diferente. Comprendió
que había perdido sus poderes pero
no le importó. Llevó la beba
a su casa, la llamó Chloé
y se dedicó a ser una amorosa mamá.
Cuando Chloé cumplió 4 años,
Miranda entendió que su niña
debía ir al jardín de infantes,
mezclarse con otros niños y aprender
muchas cosas interesantes y útiles.
Pero tenía miedo. ¿Cómo
la recibirían los otros chicos? ¿Cómo
se sentiría Chloé siendo diferente?
¿Qué le dirían de ella?
A pocos kilómetros del bosque había
una escuela. El primer día de clases,
Miranda vistió a su niña con
bonitas prendas, puso un cuaderno, un lápiz
y una merienda en su mochila y la acompañó
hasta un árbol desde donde se divisaba
el edificio.
- Chloé, voy a mirarte desde aquí
hasta que te reúnas con los demás
niños. Escucha mis consejos: sé
amable con ellos, presta atención
en clase para aprender y sobretodo, no prestes
demasiada atención a los comentarios.
Miranda besó a su hija y la vió
llegar a la escuela.
Luego giró sobre sus talones y regresó
a su casa con los ojos húmedos.
Chloé saludó: Hola a todos!
- Badablin, badablan podrás venir
al colegio pero siempre la hija de la horrible
bruja serás!! cantaron a coro los
niños.
Chloé sintió su corazón
estrujarse pero no respondió, escuchó
a la maestra y aprendió la lección.
Al llegar al árbol, Miranda la esperaba
ansiosa: Y ¿cómo te fue?
- Bien pero los chicos son tontos!
- No los juzgues, mañana será
mejor!
Al día siguiente, Miranda acompañó
a Chloé unos metros más allá
y volvió a hacer las mismas recomendaciones.
Chloé le dio un beso y caminó
hacia sus compañeros.
- Hola!
- Badablin, badablan podrás ser
una niña amable pero siempre la hija
de la horrible bruja serás!
Chloé sintió que su sangre
hervía y respondió: Mi mamá
será una bruja pero lo cierto es
que cuando me mira con sus ojos verdes su
mirada tiene el brillo de las esmeraldas.
Los niños no respondieron.
Al reencontrarse con su mamá, Chloé
le contó lo sucedido. Miranda sonrió
enternecida pero nada dijo.
Al día siguiente, amaneció
más temprano y frente al espejo maquilló
sus ojos con sombra verde para acentuar
su mirada. Estaba muy bonita!
Tomadas de la mano, llegaron junto al arroyo
distante apenas unos metros de la escuela.
Miranda repitió sus recomendaciones
a la niña.
Chloé saludó y nuevamente
escuchó: Badablin, badablan tu madre
tendrá ojos muy bonitos pero igual
una horrible bruja siempre será!
Chloé tuvo que hacer un esfuerzo
para no perder la calma.
- Es cierto que los cabellos de mi madre
se electrizan bajo su sombrero. Lo cierto
es que cuando los cepilla por la noche,
hermosas mechas rojizas llegan hasta su
cintura. Y cabellos así, no se encuentran
por aquí!
Se hizo silencio.
Mientras emprendían juntas la vuelta
a casa desde el arroyo, la niña contó
a Miranda cómo había sido
su día. Esa noche, Miranda cepilló
una y mil veces sus cabellos hasta que lisos
colgaron hasta su cintura. Estaba hermosa!
Al día siguiente, Miranda acompañó
a Chloé hasta la puerta de la escuela.
Al volver sobre sus pasos estaba triste.
Había llegado a oír: Badablin
, badablan a pesar de sus cabellos tu madre
bruja siempre será!
Se preguntó si no se había
equivocado; tal vez debió enviar
a Chloé a la escuela de las brujas
aunque allí sólo aprendiese
a hacer brujerías.
Chloé le contó esa tarde
que había respondido que su mamá,
cuando se ponía su vestido amarillo,
resplandecía como el sol! Miranda
estaba emocionada.
Esa noche cuando la pequeña dormía,
subió al desván, buscó
en un viejo arcón y con su capa de
bruja se realizó un hermoso vestido
dorado.
A la mañana siguiente con sombra
verde en sus ojos que brillaban como esmeraldas,
sus rojizos cabellos cayendo hasta la cintura
y luciendo su vestido resplandeciente como
el sol, Miranda cruzó la puerta de
la escuela de la mano de Chloé.
Los niños al verla quedaron petrificados.
Era la más bella entre las mamás.
Por cierto no inspiraba miedo y sin embargo,
Miranda estaba furiosa y se los hizo saber.
Sacó su varita mágica de
la manga y apuntándoles directamente
les dijo:
- Debería transformarlos a todos
en sapos por haber hecho sufrir a Chloé,
pero gracias a ustedes he aprendido a verme
a través de los ojos amorosos y desprejuiciados
de mi hija así que los invito a todos
a casa a compartir la merienda y a cantar
babablin badablan los prejuicios me hacen
mal, badablin badablan los prejuicios ya
no están.
No es ciego quien no ve sino quien no sabe
mirar!
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